sábado, 19 de septiembre de 2015

Bienvenida seas, inspiración.

Ciertamente, vivo más de noche que de día, y es algo que a veces odio y que otras tantas me encanta. No me gusta porque lo poco que duermo son “horas perdidas”, por las regañinas de regular los horarios de sueño, por sentir que no aprovecho el día al completo, por lo horrible de no poder conciliar el sueño a veces. Sin embargo, disfruto de la tranquilidad de que nadie me interrumpa, de poder hacer lo que me plazca, de la temperatura baja que hay al caer la oscuridad, de toda la libertad posible incluso de ahogarme en mis propios sentimientos.

Lo odio porque no puedo dormir, pero lo adoro porque la falta de sueño, a veces, me da pie para poder suplirla con la creatividad y tener horas extra para poder plasmar mis ideas sobre un papel.

Asusta mucho enfrentarse a una hoja completamente en blanco, pero el miedo va desapareciendo en cuanto cojo el lápiz e, inconscientemente, voy dibujando sobre ella, como si lo que estuviera trazando estuviera ya previamente ahí,  como si siempre hubiera estado esperando a que yo llegara para poder mostrárselo al mundo.

Curiosamente, esto suele suceder durante esas horas de crepúsculo y, cuando ocurre, es lo más maravilloso del mundo. Incluso aunque haya pasado mucho tiempo y me sienta perdida, es algo que tarde o temprano siempre vuelve a mí y me hace sentir más yo que nunca. Quizá pueda resultar difícil de comprender, o tal vez no.


La inspiración es traviesa, inesperada, intermitente. Siempre nos pilla por sorpresa, pero es similar a cuando ves a un viejo amigo, la  recibes con cariño y “charlas” con ella hasta que llegue el momento de la despedida y volváis a encontraros un tiempo después. La inspiración es mágica y siempre hay que recibirla con un fuerte abrazo y no dejarla marchar hasta que se termine la interacción entre ambos. 

Sólo me queda dar las gracias por cada visita suya que recibo, que me deja con una sonrisa durante todo el día. 





Aqua.


domingo, 15 de marzo de 2015

Cicatrices de guerras internas.

Hace mucho tiempo que no escribo, que no me pongo frente a un papel y escupo mis pensamientos y sentimientos en forma de tinta. A veces lo extraño, ya casi se me había olvidado lo que era.

Y es que mis sentimientos, mis emociones, se quedan atrapados dentro de mí. Tienen miedo de salir y gritar como antaño pero, sin embargo, están latentes, siguen vivos. Quizá no salgan por miedo a ser golpeados de nuevo, pero siguen siendo fuertes, incluso tan fuertes que me fortalecen, que me protegen por dentro. Aún así, visitan a las personas realmente importantes, no sin volver luego a ocultarse.

Las heridas han cicatrizado aunque, de vez en cuando, aún sangran. Lucen majestuosas, representando un mal pasado, pero que recuerda que se ha sobrevivido, que se ha superado, que todo continúa, y es que, a pesar de lo malo, tengo ganas de vivirlo todo, de vivirlo intensamente.

Ganas de gritar en medio de la noche, 
de correr hasta que los pies se desgasten, 
de volar hasta que no pueda más, 
de mirar las estrellas, 
de sentir la lluvia cayendo sobre la piel hasta que cale en el alma, 
de sentirlo todo,
de cantar hasta que la voz se rasgue, 
de disfrutar del olor de las noches frías,
de viajar, de conocer nuevos sitios, 
de sentir la música hasta en  lo más profundo de los huesos, 
de disfrutar de los sentimientos que nacen al leer una nueva historia, 
del olor de los libros, o incluso de la noche,
de notar el césped entre los dedos, 
de comenzar nuevos proyectos, 
de dar lo mejor de mí
Son las ganas de comerme el mundo.





No voy a rendirme, 
el agua esta vez viene con mucha fuerza.





Aqua.

domingo, 4 de agosto de 2013

Recuerdos de días pasados.


Estaba deprimida, muy muy deprimida.
Estaba tumbada en la cama, escuchando una de esas canciones que te hacen sentirlas de verdad, de las que llegan al corazón, de las que hacen que se te estremezca la piel cuando las escuchas.
Vi la cámara, que parecía estar llamándome y, claro, no iba a hacerle el feo de ignorarla. Así pues, abrí el armario, cogí mis pantalones largos, anchos y malditamente desgastados, mis zapatillas, sucias y llenas de agujeros, y mi sudadera negra, la cual me guardaba muchos recuerdos. Entré al baño, me lavé las lágrimas de la cara y me adecenté como pude.
Cuando ya estaba casi lista, cogí uno de mis viejos pañuelos y me lo até en la cabeza, recogiendo el pelo con una pinza. Me puse los cascos, cogí el abono transporte y salí de casa.
El viaje en bus se me hizo incluso algo largo, pero la música lo hacía más llevadero.
Al fin, llegó la hora de bajarme. Fue el primer sitio al que se me ocurrió ir, uno de los sitios donde empezó todo. Eché a andar, repasando los recuerdos mientras cantaba a pleno pulmón para liberarme. Callejeé mientras, poco a poco, el cielo jugaba con los colores. 
Acabé llegando al fin al parque y lo fui recorriendo muy lentamente, fotografiando lo que realmente me llamaba la atención, sin dejar escapar nada. Caminé por todos sus rincones, sonriendo como una idiota a la par que llevaba los ojos repletos de lágrimas, recordándolo todo.
Cuando empezó a anochecer, decidí volver a casa para coger al autobús aunque, la verdad, no tenía ganas de estar encerrada en una jaula.
Estuve esperando poco tiempo. Subí adentro y me senté en mi sitio de siempre, al lado de la ventana. El autobús iba cogiendo velocidad y las calles se convirtieron en borrones. Aún así, no podía dejar atrás mis pensamientos. Definitivamente, no estaba bien.
Al llegar a mi parada, fui arrastrando los pies lentamente hasta llegar a mi portal. Nada más entrar en mi habitación, tiré la mochila al suelo, dejé la cámara sobre la mesa, encendí la música y me quedé profundamente dormida.
Había pasado un día más. Me sentía más cerca de volver a ser yo, más cerca de sentirme de nuevo feliz.
Más cerca de sonreír sin miedo a llorar. 




Aqua.

lunes, 15 de julio de 2013

Complicar lo incomplicable.

Todo está bien, no hay nada fuera de lugar.
Los días transcurren, uno tras otro, sin que nada malo ocurra.
Al cabo de unas semanas, te das cuenta de que algo no va como se esperaba. Esa tranquilidad comienza a hacerse monótona. Todo parece igual, todo es predecible, nada es complicado.
Entonces... ¿Por qué te detienes y decides que algo no funciona bien?
Quizá busques algo más de complejidad en tus días, algo que pueda hacerlos inolvidables, que los haga especiales, dignos de recordar, que te haga volver a ser tú.
Pero, por más que busques dentro de ti, eres incapaz de encontrar ese "algo" que haga que los engranajes de tu cabeza y de tu corazón se muevan con soltura.
Y, aunque te hayas dado cuenta, aún no es demasiado tarde. Cambia tus días, haz cosas nuevas, lee, pinta, sueña, haz tiempo mientras esperas a tu propio "algo".


Intenta ser feliz.


Aqua.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Todo es cuestión de acordes y de lluvia.

Me despierto rápidamente, de un sobresalto. La tormenta no arrecia y uno de los estruendos me ha arrebatado el sueño. Sin saber muy bien por qué, comienzo a caminar hacia la puerta. La abro con cuidado de no despertar a nadie, ya que aún es de madrugada. "Sólo sigo a mis instintos, no le hago daño a nadie", pienso. La cierro con la misma delicadeza y me dirijo hasta el ascensor. Bajo mis pies, el mármol del suelo se siente frío, casi congelado. Estoy empezando a impacientarme. Al fin, el ascensor llega a mi piso, entro en él y pulso el último botón. Voy a subir a la azotea. Tras unos escasos segundos a la par que interminables de luces titilando, las puertas se abren de nuevo y dan paso a una pequeña habitación en la que sólo hay una puerta y un extintor algo oxidado. Trato de abrir la puerta. Es difícil, está atrancada. Finalmente, consigo abrirla de un empujón que casi me hace caer al suelo. Cuando recupero el equilibrio, observo el juego de luces que está teniendo lugar en el cielo: rayos y truenos inundan el ambiente. La lluvia cae suavemente sobre mi cara, mis manos, mi pelo, sobre todo mi ser. "Parece mentira que estemos casi en verano y aún siga haciendo esta temperatura", digo para mí misma. Mis pies comienzan a entumecerse y mi pijama está totalmente empapado. Aún así, no puedo evitar sonreír: llevaba mucho tiempo queriendo hacer ésto. Doy una vuelta por la terraza. Aunque parezca increíble, hay un precioso jardín, con enredaderas y césped por todas partes. Esta noche no se aprecia todo su esplendor, pero estoy segura de que a la luz del día o en una noche de luna llena es un sitio mágico. Encuentro el lugar perfecto para sentarme en el centro de la estancia abierta. El césped está mojado, pero no importa. Mis manos acarician los hierbajos que hay alrededor. Cierro los ojos. En este momento, sólo estamos la lluvia, la naturaleza y yo. Falta algo. Echo en falta algo importante. Saco el móvil de mi bolsillo con cautela y escojo la canción adecuada para este momento. Comienzan a sonar los primeros acordes de guitarra. Siento cómo un escalofrío recorre todo mi cuerpo. Ahora sí que está todo completo. Al fin lo he conseguido. Ahora tengo tiempo, tiempo para encontrarme a mí misma. 









Aqua.

jueves, 14 de marzo de 2013

"Vamos a cambiarlo todo".


Nunca prometas nada que no puedas cumplir; mintiendo, engañando, sólo puedes hacer daño a la persona a la que estás creando ilusiones.

Nunca digas "te quiero" si no es lo que sientes. Los sentimientos dicen mucho, no los malgastes, no intentes crear algo que no es real. Vive las emociones, deja las cosas claras. Sino, todo puede pagarse muy caro. 

No trates de hacer ver a los demás que algo no te importa y mucho menos cuando es mentira. Si algo te importa, hazlo ver cuando merezca la pena. Es cosa tuya y del tema que dicha importancia concierne. 

Nunca saques de lugar algo que no tiene tanta relevancia. Si no la tiene, ¿por qué exagerarlo? ¿No ves que así lo agravas más?

El mundo está lleno de idiotas. No te conviertas en uno de ellos, abre bien los ojos. 

Ten mucho cuidado de las palabras que salen de tu boca, aunque sólo sean palabras y con el tiempo se olviden, pueden llegar a causar daños irreparables, ya sea sin querer o proponiéndoselo.

Recuerda mantener siempre la calma, no pierdas los estribos por nada. No te enfades, pero no olvides tan fácilmente. Si no pierdes el control, acabarás pasando desapercibido. Puede que, en ocasiones, si no sacas tu rabia interior, no seas capaz de ser tomado en serio, pero siempre es mejor que meterse en una pelea infinita para tratar de vencer, de llevar siempre razón aunque no se tenga. Defiéndete, pero no ataques.

No permitas que nada ni nadie altere tu forma de pensar. Las personas influenciables son débiles, blancos fáciles, es demasiado sencillo ver sus puntos flacos. Sé fuerte, llora cuanto necesites, pero levántate, no te rindas ante tus objetivos, ten ambición, alcanza tu felicidad sin pisotear la de otros.

No es bonito ver destrozado a alguien, procura ayudar a los demás, no te unas al placer de hacer daño a una persona. Si quieres ser feliz, haz feliz a los demás siempre que puedas. 

No dejes apartada tu sonrisa. El mundo está lleno de sonrisas falsas que tratan de ocultar grandes pesares. No te transformes en una más, haz que la tuya sea verdadera, hasta las más pequeñas cosas pueden sacar lo mejor que llevas dentro. 

Trata de ser lo mejor que puedas. Muchos tratarán de hundirte, de quitarte hasta la más mínima posibilidad de hacer algo bien. Sé mejor que ellos, sé tú mismo, confía en ti.

No tengas miedo de equivocarte. De los errores se aprende, se sacan soluciones, nos mejoran. Los errores no son tan malos a fin de cuentas. Sin ellos, no podríamos disfrutar de la deliciosa libertad de enmendarlos.






Aqua.

martes, 26 de febrero de 2013

Mi utopía personal.

En nuestra sociedad actual, nadie se preocupa por nadie, sólo nos interesa el bienestar propio, estamos demasiado ocupados para que lo que pase a nuestro alrededor nos afecte de alguna manera. Decidimos escoger el "ya lo hará otro", ya que nuestras vidas son demasiado cómodas como para movernos. Somos una masa que parece no tener identidad, que no se para a admirar las cosas, que lo destruye todo a su paso. Ya sea de una manera u otra, somos la plaga del planeta. Vivimos en una sociedad llena de prejuicios en la que cuenta más el aspecto físico de una persona que cómo sea realmente. Se hacen las cosas porque están de moda. Se vive con miedo a decir algo que no pueda gustar a los demás. Echamos la culpa de nuestros problemas a otros, creyéndonos inocentes de hechos que, de no ser por nosotros, nunca habrían tenido lugar. Somos una sociedad de masas: queremos que otra persona nos haga la vida más fácil. Somos la copia de una copia de otra copia.

Por ello, mi sociedad ideal es una sociedad justa, tolerante, libre y de pensamiento. Una sociedad en la que nos preocupemos de no destruir lo que nos queda, que respete a las personas, una sociedad en la que seamos capaces de pensar por nosotros mismos sin que introduzcan otras ideas en nuestras cabezas, una sociedad en la que haya total libertad de expresión, en la que se eduque a la juventud para que sea aún mejor que la generación anterior, una sociedad de libre creencia, en la que asumamos la responsabilidad de nuestros actos. A fin de cuentas, no hay nada mejor que una sociedad en la que podamos ser nosotros mismos.


domingo, 24 de febrero de 2013

Recuerdos.

A veces, algo tan sencillo como una endiablada carta puede hacernos recordar millones de momentos inolvidables con el autor de ésta. 

Al leerla, pueden experimentarse llanto, risa o sonrisa de añoranza. ¿Qué ocurre si se mezclan las tres? Que, evidentemente, hay algo que falla, algo que falta. Si no te importase, no estarías siquiera leyendo la carta. Entonces... ¿Qué es lo que va mal? ¿De qué hay que preocuparse? 

¿Acaso echas de menos a la persona que en un día fue importante para ti? ¿Quizá echas de menos que alguien se preocupe por ti de esa manera? ¿Echas de menos sentir? ¿Echas en falta esos pequeños detalles? ¿Te sientes vacío y te lo han recordado?

Hay cosas que, aunque lo intentemos, es imposible sacar de nuestra memoria, de nuestros corazones, porque son recuerdos vivos, latentes, que mantienen viva la relación con los demás, ya sean buenas o malas relaciones, siguen siendo una unión. Sin uniones, no seríamos más que cuerpos vacíos que vagan sin otro objetivo que el de vivir para ellos mismos. 





No quiero ser un cuerpo vacío.








Aqua. 

jueves, 23 de agosto de 2012

Libertad.

No es tan difícil de comprender, ¿verdad?
Quiero mi espacio, quiero tiempo para mí, quiero, a fin de cuentas, algo a lo que no pienso renunciar.


Respirar el aroma de la libertad.


 
 
 
 
 
Aqua.

domingo, 27 de mayo de 2012

Toca tragarse sentimientos y fumarse las ideas.

Y, una vez más, me trago mis sentimientos. Se están haciendo un nudo en mi garganta y mis ojos están empezando a humedecerse. Tengo cada vez más claro que envidio en muchos aspectos a las personas que son incapaces de sentir algo. Por lo menos, ellos no pasan por estos momentos. Parecen muy fuertes, ¿Pareceré yo igual de fuerte o me verán igual de patética y debilucha como me veo yo ahora mismo? Da igual, ya no puedo echarle atrás, he tomado una decisión, y es volver a guardarlo todo para mí.  Ahora, con tu permiso, voy a fumarme mi cigarrillo junto a mis ideas. Sólo soy una pequeña pieza de un puzzle que no encaja en ninguna parte. Aqua.

domingo, 6 de mayo de 2012

No quiero echarte de menos.

Te echo de menos.
No, no te echo de menos.
Te echo de menos.
No, no te echo de menos.

No me entiendes, no te entiendo. Quiero volver a abrazarte, quiero volver a sentirte junto a mí. Pero, ¿sabes qué? Éso es imposible. Todo ha cambiado. Te quiero lejos, cuanto más lejos mejor. Quiero que me borres de tu vida, quiero borrarte de la mía. No te necesito, no me necesitas. Ambos sabemos la verdad, y la verdad es que nunca hubo un "nosotros". Siempre fue un "yo por ti" y un "tú por mí". Deja de soñar, madura, lucha por el día a día. Sé realista. No. Nunca. Nunca más. Te empeñas, me empeño. Nos distanciamos, nos olvidamos. No nos hablamos. No morimos por dentro. Seguimos viviendo. Todo se ha acabado, todo acabó cuando ese pensamiento llegó a mí. Todo acabó cuando decidí que no quiero echarte de menos.







Aqua.

miércoles, 22 de febrero de 2012

"No quiero perderte nunca más".

Todo estaba oscuro. Estaba asustada. No podía moverme. Poco a poco, unos pasos se escuchaban más y más cerca. Intenté liberarme, pero mis muñecas estaban fuertemente atadas con una gruesa cuerda. Dejé de forcejear, me estaba haciendo daño; de hecho, incluso sangraba. De pronto, los pasos se detuvieron y me quedé completamente quieta. Una intensa luz me cegó. Llevaba días sumida en la oscuridad y apenas recordaba el calor del sol que en aquel instante me acariciaba las mejillas. Era una sensación agradable. Entrecerré los ojos para poder identificar con exactitud la silueta que me había encontrado: era un chico algo más mayor que yo, de pelo largo oscuro y de ojos resplandecientes del color de la miel. Esbozó una sonrisa al verme. Cortó las cuerdas con precisión utilizando una pequeña navaja que sacó de su bolsillo. Me tendió la mano sin vacilar mientras seguía sonriendo. Le tomé la mano y débilmente me levanté del suelo. Me apoyó sobre él y salimos juntos por aquella puerta de color azul que, aún llevando tanto tiempo encerrada, no había distinguido qué color era. 

Pronto descubrí dónde nos encontrábamos. Estábamos en la feria de los libros, unos pequeños y antiguos puestos que se ponían cada semana en una gran cuesta que había cerca del centro de la ciudad. 

Él no dejaba de preguntarme si yo estaba bien. Su voz me era familiar. Me confesó que llevaba semanas buscándome, siguiendo falsas pistas que cada vez le alejaban más y más de mí. Estuvo a punto de rendirse cuando recordó nuestro lugar especial: aquella calle de los libros donde nos vimos por primera vez. Me abrazó, volvió a repetirme lo mucho que me había echado en falta. 

Su olor también me resultaba extrañamente conocido y, sin darme cuenta, hundí mi rostro en su pecho. Me tomó la cara con las manos y me acercó a él. Lo tuve tan cerca que nuestros labios se fundieron en un beso. Nos besamos despacio, disfrutando de aquel reencuentro. Me abrazó de nuevo con fuerza y el viento me trajo un leve susurro que salía de sus labios: <<Te quiero>>. Suspiró, parecía aliviado. De nuevo, una frase llegó a mis oídos: <<No quiero perderte nunca más>>.

Nos quedamos sumidos en un abrazo, como si el tiempo no fuese tiempo, como si nada importase salvo nosotros, como si el mundo se hubiese parado para que disfrutásemos del momento.





Aqua.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Feel the nostalgia.

Hoy, he soñado contigo. Estábamos en una sala llena de gente, cada cual ocupado en sus propias conversaciones. Pero yo sólo tenía ojos para tu cuando, escasos segundos después de observarte, me di cuenta de que tú sólo te fijabas en mí. Dejé de escuchar los murmullos y el griterío cuando recibí una nota tuya. Me escribiste, de tu puño y letra, que podíamos ser felices. Te sonreí. Me sonreíste. Entonces, fue cuando me subí sobre la mesa, con mis botines de tacón azules a juego con mi vestido, ajena a todas aquellas personas. Me tendiste la mano, la agarré con fuerza, sintiéndome segura. A paso torpe conseguí llegar hasta donde tú estabas. Me agarraste por la cintura y me acercaste a ti. Noté de nuevo tu calidez, tus abrazos... Hasta nuestros labios se fundieron en un beso.







Aqua. 
8-2-2012

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Feliz día de Navidad.

Recorrí cada rincón de la habitación con los ojos. Dos cadáveres en el suelo con el rostro pálido miraban al techo aún con la imagen del pánico en sus pupilas. Las paredes estaban pintadas con sangre, los muebles destrozados, el suelo rasgado y manchado, y una joven me miraba desde la pared. Me acerqué y contemplé en su mirada. Tenía la mirada perdida, enloquecida, pero había saciado su sed de sangre. Era mi reflejo.

Desgraciadamente, las voces de mi cabeza no se callaban. "Como de costumbre", pensé. Me fijé  en mis manos. Era obvio que aquello había sido obra mía. Incluso me atreví a calificarlo como arte.  Comencé a escuchar una serie de ruidos provenientes de la puerta. Seguramente sería algún vecino curioso y preocupado por el estruendo de la pelea. Mi mano topó con el mechero de mi bolsillo. Las voces repetían una y otra vez lo mismo. Por experiencias anteriores, sabía que no callarían si no hacía lo que me pedían. Reparé en un pequeño mueble-bar de esos antiguos, de los que sólo existían en las películas. La madera estaba salpicada con pequeñas gotas rojas. Me agaché y, tirando de uno de los pequeños picaportes descuidados de la puertecilla, lo abrí lentamente.Cogí tanto alcohol como me cupo en los brazos. Me dispuse a rodear la sala con todas las botellas excepto una. Al menos, podría conservar un buen recuerdo. Era un vino francés.

Caminé hasta la ventana y coloqué los pies en el borde. Volví la cabeza hacia el interior. Empezaba a oler a putrefacción y las voces no dejaban de quejarse. Así que decidí ceder a ellas con más gusto del que lo había hecho nunca. Arrojé mi mechero encendido al suelo. El alcohol prendió rápidamente y pronto la habitación se hubo transformado en un bosque de humo y llamas. El fuego bailaba al son de las melodías de mi cabeza. Al fin lo había conseguido. "No, lo hemos conseguido", me corregí a mí misma.

Apoyé las manos en el cristal para no caerme y contemplé el exterior. Era invierno y yo sólo estaba cubierta con una camisa teñida por el rojo de la sangre. El frío irrumpió contra mi pecho adueñándose de cada uno de los rincones de mi alma. La pureza del ambiente me llenó los pulmones. Era una sensación muy grata. De pronto, comenzó a nevar. Nunca antes había reparado en lo lento que caían los copos de nieve ni en lo hermosos que eran. Me permití estirar las manos para formar un cuenco. Poco a poco, mi mano se fue llenando con la nieve, que se fundía en uno con la sangre. Volví la vista una vez más. Las llamas seguían vivas, pero no había rastro del humo. No pude evitar esbozar una sonrisa. De las de verdad, de las que da gusto sonreír. ¿No es una buena forma de recibir el día de Navidad?





Aqua.

domingo, 30 de octubre de 2011

¿Qué debo pensar?

No saber qué pensar.
Ese miedo que recorre tu cuerpo desde la punta de los pies hasta el último rincón de tu frágil cuerpo.
Tiemblan las manos, los ojos enrojecen.
"¿Qué pasa? ¿Qué he hecho mal?", se pregunta una y otra vez tu angustiada mente.
Se forma un nudo en tu garganta, quieres reprimirlo, no quieres aceptarlo.
Tus ojos se llenan de lágrimas que quieren recorrer tus sonrojadas mejillas.
Pero decides reprimirlas.
El miedo vuelve a apoderarse de ti. El miedo a lo que pueda pasar te invade.
Y es cuando tu cara se humedece. Las lágrimas han conseguido salir de su prisión.
No hay nada que pueda pararlas.
Comienzas a respirar más rápidamente, tanto que parece que vas a ahogarte.
Sigues sin saber lo que sucede.
Algo dentro de ti parece estar sangrando. No sabes lo que es.
Las lágrimas siguen ahí, parece que nunca acabarán.
Entonces, descubres qué es lo que está herido, confundido.
Tu corazón.
Sufre. No puede dejar de tener dudas, no sabe qué pensar.





Aqua.

domingo, 9 de octubre de 2011

Aún recuerdo...

Aún recuerdo la primera vez que te vi.
Aún recuerdo nuestra primera conversación.
Aún recuerdo nuestras noches en vela hablando sobre nuestros sueños, nuestras esperanzas...
Aún recuerdo todos los planes que habíamos hecho.
Aún recuerdo todas las promesas que me hiciste.
Aún recuerdo tus abrazos.
Aún recuerdo tus besos.
Aún recuerdo cómo me mirabas, aunque yo ni siquiera me diese cuenta.
Aún recuerdo tu olor.
Aún recuerdo tu risa.
Aún recuerdo tu voz, que me acariciaba los oídos.
Aún recuerdo nuestras estrellas.
Aún recuerdo aquel paseo bajo la lluvia.
Aún recuerdo cómo me protegías.
Aún recuerdo tus manías.
Aún recuerdo nuestras tardes a solas.
Aún recuerdo nuestras bromas.
Aún recuerdo lo que me hiciste sentir.
Aún recuerdo cómo me decías que era especial, única para ti.
Aún recuerdo los sueños.
Aún recuerdo lo nerviosa que me ponía cuando sabía que iba a verte.
Aún recuerdo lo tímidos que éramos.
Aún recuerdo cómo sonreía al verte aparecer.
Aún recuerdo cómo anhelaba que cada segundo que pasaba a tu lado se parase para poder disfrutarte una eternidad.
Aún recuerdo tu respiración.
Aún recuerdo cómo me escuchabas con atención cuando cantaba.
Aún recuerdo tu manera de hablarme.
Aún recuerdo cómo pasabas tu mano por encima de mi hombro, protegiéndome de todo, acercándome a ti.
Aún recuerdo cómo me agarrabas la mano con fuerza para no perderme.
Aún recuerdo cómo me sorprendía a mí misma pensando en ti a todas horas.
Aún recuerdo cuando tú eras uno de mis motivos para volver a respirar.
Aún recuerdo cuando me consolabas.
Aún recuerdo tus ganas de gritarle al mundo.
Aún recuerdo tus gustos.
Aún recuerdo tus expresiones.
Aún recuerdo cómo interpretarte.  
Aún recuerdo aquella tarde.
Aún recuerdo tu forma de ver el mundo.
Aún recuerdo tus promesas rotas.
Aún recuerdo nuestro último adiós.

Aún te recuerdo.




Aqua. 

lunes, 1 de agosto de 2011

Reflexiones de una noche de verano ( I )

¿De qué manera se deben hacer las cosas?
Más de una vez me pregunto qué es lo correcto. Miro atrás y me cuestiono cómo hubiese sido mi vida si hubiese escogido otro camino. ¿Realmente los errores del pasado son errores? ¿Podrían ser una lección? Dicen que de los errores se aprende, pero también se habla de que el ser humano es el único que tropieza dos veces con la misma piedra. ¿Quiere decir ésto que debes equivocarte cuantas más veces mejor? Si nunca nos equivocásemos, no tendríamos la deliciosa libertad de luchar por resolver nuestros problemas; así que, a fin de cuentas, equivocarse no es tan malo, ¿verdad?


AquaNyx.
Dom 31, 07, 2011. 3:37 AM.

miércoles, 27 de julio de 2011

Una mirada.

Las miradas... Una mirada dice mucho de una persona. Odio las miradas vacías, aquellas en las que te fijas y te duelen, te duelen porque son como dos ventanas cerradas que ocultan todo lo que hay en su interior.
Una mirada pura, llena de alegría, te da en qué confiar y te anima a sonreír.
Una mirada empañada por las lágrimas te deja ver el sufrimiento y lo mal que lo ha pasado esa persona, y eso te impulsa a consolarle, a darle todo tu apoyo.
Y, es que los ojos son la ventana del alma, según dice un dicho popular. Por ello, hay que fijarse siempre en una mirada, así es como realmente puedes saber cómo se encuentra una persona, si ha sufrido, si está preocupada... o incluso enamorada.
Por ello, siempre me fijo en los ojos, siempre en esas dos brillantes esferas de una cara. Porque sabiendo cómo miran, puedo saber muchas cosas.

jueves, 21 de julio de 2011

Sí, te quiero.

¿Por qué me asusta tanto el decirte algo que ya sabes? Maldita sea, sólo son dos palabras, no entiendo mi pánico a decírtelo. Quizá me de miedo tu reacción. No quiero que suceda lo mismo que la vez anterior, en la que mis sentimientos no se tenían en cuenta. Parece que sólo fue una broma del destino. Quiero mirarte a los ojos mientras de mi boca se escapa un "te quiero". Cierto que las palabras se las lleva el viento, que lo que nos marca son las acciones, sé que no es necesario el confirmar lo que siento con esta corta frase, pero siento la necesidad de decírtelo. ¡Qué estupidez! Debería hablar contigo en vez de escribir ésto. Te... te quiero.



Aqua.

sábado, 16 de julio de 2011

Gracias. Gracias, de verdad.

Hoy querría dar las gracias.
Querría dar las gracias a todas aquellas personas que están a mi lado, que sé que puedo contar con ellas. Esas personas que reciben el nombre de "amigos".

La amistad, según la definición de un diccionario, es el afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Yo creo que la amistad verdadera es más que eso. Un amigo de verdad es el que siempre va a estar a tu lado, cuidándote; el que te sacará de la cama cuando pienses que no puedes soportar seguir viviendo; el que te sacará una sonrisa con el comentario más tonto: el que siempre estará dispuesto a escucharte; con el que tendrás recuerdos inolvidables; aquel al que le darás una segunda oportunidad, o una tercera, si es necesario, porque crees en él; el que te abrazará y te secará las lágrimas cuando llores; el que te dirá las cosas claras sin darle más vueltas; será en el que puedas confiar plenamente; del que pensarás que es único en su especie; el que después de discutir se acercará a ti con una sonrisa como si no hubiese ocurrido nada; el que te aconsejará bajo su punto de vista; y, es que amigos como éstos, hay muy pocos. Por ello hay que cuidarlos, darles lo mejor de ti, mostrarte tal y como eres. Te querrán seas como seas, te soportarán (aunque tampoco es bueno abusar de ello).

Son uno de los grandes pilares de tu vida, no deberías despreciarlos. Por eso no me cansaré de dar las gracias. Porque, gracias a ellos, tengo un  nuevo motivo para levantarme cada mañana, un nuevo motivo para sonreír, un motivo para ayudarlos, porque sé que ellos también harían lo mismo por mí. Puede que no sean perfectos, pero son mis amigos. Os quiero.